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Memoria del ciclo de talleres de arte terapia con mujeres trans privadas de libertad
2015-01-30


Por Aída Montalvo, arte terapeuta.

 

Cuando se planteó la propuesta de realizar los talleres de Arte Terapia a mujeres Trans privadas de libertad, lo primero que hice fue documentarme lo más posible para luego presentar la propuesta de auto-cuido y salud mental en privadas de libertad.

Trabajos realizados por las compañeras trans.

Si bien esta fue mi segunda experiencia con privados de libertad, el contexto de trabajar con mujeres Trans en un medio carcelario, donde las condiciones de discriminación se duplican, significo desarrollar un plan de trabajo para fomentar  su identidad individual y potenciar el trabajo grupal con el fin de que ellas mismas exploraran sus habilidades y al mismo tiempo se liberaran de conflictos internos  causantes de ansiedad y estrés.

Lo primero que resalto en los dos grupos de 24 personas  fue su dificultad para tomar decisiones individualmente. También su manera de seguir cualquier indicación de manera literal  o esperar indicaciones fáciles de seguir para ponerse en marcha.

 De ahí que, la condición que predomino en estos talleres fue la creación de un espacio donde sus opiniones importaran y pudieran comenzar a tomar decisiones a través de los materiales, los colores y herramientas plásticas,  permitiéndoles una mayor autonomía, auto conocimiento y al mismo tiempo mejorar su autoestima.

El hecho de poder experimentar de una manera más libre con los materiales, la diversidad de técnicas y procedimientos, perder el miedo al no saber dibujar, sin importar el resultado, sino el proceso de crear y poder expresarse en libertad… los talleres se convirtieron en algo que esperaban con ilusión semana tras semana.

En  las primeras sesiones, la respuesta más común era el aislamiento,  la confusión, la huida del conflicto, una actitud agresiva y dolorosa, que no les permitía otro afrontamiento; pero a medida que avanzaba el proceso iban descubriendo que el espacio creado por ellas era facilitador y generador de un estado emocional diferente, que veían como positivo ya que les permitía expresar y afrontar las emociones dolorosas de forma activa mediante la creación de  cada obra artística.

Pronto se comenzaron a ver cambios en sus miradas y actitudes; poco a poco comenzaron a tomar más decisiones y a sentirse a gusto con los materiales, utilizándolos con mayor soltura y confianza. Sus obras reflejaban sus estados de ánimo, sus experiencias personales y se fue creando un espacio de diálogo y de confianza entre arte terapeuta-obras-participantes.

Es así como el formato de talleres permitió hacer hincapié en lo artístico, en la expresión y en el desarrollo de la creatividad, ya que al ser un taller de iniciación lo que se pretendió fue un acercamiento vivencial, donde se trató de abordar el autoconocimiento de forma lúdica y pausada y de compartir con el grupo, un espacio para descubrirse sin ser juzgados y para compartir desde el yo verdadero.

Aída con las compañeras trans en una de las jornadas de talleres.

A nivel personal, el espacio carcelario me pareció a primera vista lo más contradictorio al espacio terapéutico. Desde el exterior, te hace que comprendas de manera gráfica los conceptos de exterior e interior, la diferencia entre la libertad y el encierro.

Las primeras impresiones que nacen al entrar en un centro penal, te sitúan bruscamente en esa realidad, ese lugar gris, frio, el constante sonar de llaves y candados y sus  estrictas medidas de seguridad para entrar y salir

.Al finalizar los talleres puedo decir sin temor a equivocarme, que he aprendido mucho de cada integrante del taller, he aprendido lo que es la importancia de las pequeñas cosas, el valor de cada momento… en fin, he aprendi

do sobre la vida y sobre todos aquellos aspectos de la vida que damos por sentado y no nos detenemos a sentir o a disfrutar en su esencia.

Tengo mucho que agradecer porque son ellas las que están dando una lección viva de educación para la paz.



 
 
 
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